domingo 15 de noviembre de 2009

UN DÍA ME ENCONTRARÉ CON DIOS...

...Y he de hallarlo entre verso y juego,
entre canto y llanto.
He de hallarlo un jueves,
o quizás un sábado.
Por medio de mis sentidos.
El común, y el contrario.
He de hallarlo en mi fiebre,
alergia en el campo,
ciudad en olvido,
ojos del extraño.
Bocado que pruebe,
trago que dañe.
Y a pesar de toparlo de frente,
a pesar de olerlo y palparlo,
dudaré.
De mi gusto, de mis ojos, de mi tacto.
Me resistiré a creer en él,
pero tampoco necearé negándolo.
He de dudar por siempre,
Sea cual sea el destino de este acto.

domingo 8 de noviembre de 2009

FIN COMÚN (DESENLACE)

III

Dudó un momento en seguir avanzando. En eso se encontró con Cristina. O ella con él.
Cristina llevaba más tiempo gozando de los beneficios de la pérdida de continuidad del espacio – tiempo. Cristina le hizo notar a Joaquín que si se lo proponía podía realizar varias tareas al mismo tiempo, y ver con claridad donde había estado toda su vida, segundo a segundo, tramo a tramo de su desarrollo.
-¿Qué va a pasar después?- Preguntó Joaquín para sí y quiso convidar a Cristina de su duda, que para sorpresa, estaba contestando ya
-No hay después- dijo muy resuelta Cristina mientras corría y leía un libro sacado de quién sabe dónde y le coqueteaba. Ahora el futuro no se hará jamás, porque el futuro es la consecuencia de una acción tomada en el presente, pero el presente también es pasado y el presente ahora, más que nunca, es eterno, no efímero. El tiempo se detuvo y puedes hacerlo todo a la vez, de modo que no hay opción para el futuro.

-Así es mi querido sobrino- Dijo Doña Cristina al delirante Joaquín mientras se dejaba manosear por el clérigo pederasta -No hay opción…-

-No hay opción para el futuro- repitió la doctora Fernández, haciendo énfasis en esa frase proferida por ‘Fede’, el paciente esquizofrénico disociativo en estado avanzado -Eso fue lo último que pudo decirnos antes de quedarse en estado de coma, inducido, como si por fines médicos, por un súbito paro cardiaco. Como por choque neurogénico- Corroboró

-¡Eso amor!- Dijo Alexa -Esa es una frase para slogan de campaña- Pero al voltear a ver a su Juan, se sorprendió cuando erguido con los ojos en blanco como en trance, su sonámbula pareja le pidió una hoja de papel. Escribió cuanto quiso con el lápiz que le arrebató y salió del departamento.

Un oficial de policía toma los datos del joven biotecnólogo, las señas son preferentemente precisadas por la hermana de Juan mientras Alexa se trata de calmar con un té de tila de bolsita que le trajo su hermana.
-Cálmate, a lo mejor esa crisis fue inducida por las ideas que estaban rondándole-
-¿Y la nota?- Preguntó Alexa ya un poco fuera de sí
-Sólo parte de su estado- Dijo casi mecánicamente, convencida casi por completo que el cuñado se había enloquecido de súbito, pero releyendo, por si las dudas…

…Todo será posible, menos llamarse Carlos, dice Pellicer en un poema que ahora identifico con esta pretendida disociación, que no es otra cosa que la síntesis de lo que de modo constante pueden estar viviendo los taquiones que nos conforman y que a su vez conforman a otros o a nosotros mismos en universos paralelos que pueden ser este mismo con sus infinitas posibilidades de realización de espacio y circunstancia. Porque ahora me vienen bien los nombres de Joaquín, Rubén y ‘Fede’, porque reiteradas ensoñaciones con épocas que no he vivido ni me llaman la atención, y bajo circunstancias que sin ser ajenas no me son del todo adecuadas a mi naturaleza y circunstancia actuales. Porque hace unos días me estremecí al ver las imágenes de la presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, a quien en determinadas ocasiones he reconocido como mi siquiatra y en otras como mi tía, porque he visto la plaza de Mayo y el Obelisco y la avenida Nueve de Julio y Rivadavia, además de saberme la programación radial y televisiva de aquél país, sin haber estado en Argentina nunca. Porque te amo Alexa y sé que estoy a un paso de la verdad, tengo que salir como estoy vestido ahora, en pijama a caminar a un punto que aún no termino de precisar para declararte completamente la definitoria de este pensamiento que me ronda, porque lo compartiré primero contigo…

-Y firma ¡"tu Juan"!- Leyó Adriana, la hermana de Alexa, notablemente sorprendida por lo leído, especialmente por la firma
-Eso puede ser lo más sorprendente, siempre dice que en la pareja, al igual que en lo demás, el amor no puede ser posesión, ¡y siempre se encabrona cuando le digo que es ‘Mi Juan’!- Dijo como queriéndose reír de tal recuerdo, pero sin dejar de lado el llanto que la acompañaba desde hacía un rato. Sonó el teléfono. Era Juan. El sobresalto quería hacer estragos en su cabeza, pero su cuñada le comunicó con él antes que otra cosa le sucediera
-¿Dónde estás grandísimo idiota?- Dijo luego de arrebatarle el teléfono a Ximena, la hermana de Juan
-No importa, ya voy de regreso- Contestó aquél, muy serenamente y agregó -Sabes cuál es el fin común de la pregunta ¿por qué?-
-Distraer, es lo que dices- Dijo muy convencida que no era el momento de increpar, sino, más bien de negociar el retorno de Juan, de dondequiera que estuviera
-Sip, lo mismo que el arte y la ciencia- Reafirmó juguetonamente
-¿Y eso que tiene que ver con que a estas horas de la madrugada hablemos por teléfono en vez de estar juntos durmiendo?- Preguntó Alexa con muy poca paciencia
-En esto consiste la sabiduría: el que tenga entendimiento, calcule el número de la bestia, pues es número de un ser humano: seiscientos sesenta y seis-
-Explica- Exigió ligeramente irritada
-Todos los días en dos ocasiones podemos volvernos energía y ser como dice Asimov; el número de la bestia es el ‘antidogma’ que acaba con todas las religiones, filosofías, ciencias y artes falsas- Dijo con un aire de docta presunción
-Ahora si te volaste los sesos papito…- Contestó Alexa casi harta pero atenta a la contestación
-El número de la bestia no es de una cosa, el número de la bestia es una hora- Dijo muy convencido materializándose poco a poco para sorpresa de los presentes en su departamento y para la absoluta comprensión de Alexa -Seis horas, seis minutos, seis segundos, como acabamos de pasar por ahí…-

jueves 29 de octubre de 2009

FIN COMÚN (SEGUNDA PARTE)

II

La criada se sobresaltó y de inmediato corrió a notificarle a Doña Cristi que el niño Joaquín había comenzado a proferir esas palabras raras. Y a hablar con una voz y un acento que no eran propios de aquella región, ni de toda la Nueva España. Para su buena fortuna, aún se encontraba Monseñor, ante quien se arrodilló dándose golpes de pecho y tomándole la mano para besarle el anillo con ansiedad inusitada. -Sosiégate Camila o tendremos que amarrarte igual que a Joaquincito, inquietas a Monseñor- Interrumpe Doña Cristina, y el clérigo incita a la tranquilidad -Levántate muchacha, y si tienes miedo, puedes retirarte a tu habitación, pero no alarmes de más a la señora. Yo te bendigo…- Después de persignarla Monseñor, Camila se marcha y deja a solas a la señora Cristina y a Monseñor -Ahora que Joaquín está imposibilitado, nadie se entrometerá en nuestro negocio- Dijo éste -Le cuento, su eminencia, que son los niños mas dulces y tiernos que puede usted comprar…- Contestó la doña de la casa.

Porque no hubo nunca un inicio de la perversión. Todas las expresiones son manifestaciones relativas de las sociedades. Los hombres, una vez cuestionadas sus existencias, sólo creen que tienen que pasar el tiempo antes de morir y se inventan en un afán lúdico, búsquedas científicas, artísticas, teológicas o cosmogónicas de su origen y su destino en el universo.

-A ver, repite eso- Dijo Alexa
-¿Qué?- Preguntó todavía adormilado Juan (a quien los nombres Joaquín, Rubén y ‘Fede’ no le resultaban ajenos del todo)
-Eso de pasar el tiempo- Pidió ella
-El tiempo no pasa, nosotros pasamos en el-Contestó Juan apesadumbrado pero aclarando
-No, tú dijiste que el hombre cree que tiene que pasar el tiempo…- Dijo refunfuñona Alexa incorporándose del arrumaco que ya tenía tiempo con Juan en el sofá. El monitor de plasma ya había dejado de emitir estática y había iniciado el modo stand by, desconectando automáticamente las emisiones y actividades del teatro en casa no obstante, un rumor sordo se percibía en el ambiente.
-Claro, el hombre promedio, piensa en el tiempo como una línea que hay que seguir, o que hay que ir construyendo. Cuando el tiempo y el espacio son conformaciones semejantes a las proteínas globulares, con ramificaciones que se relacionan entre si, de modo que cuando se interconectan por propia voluntad estamos más cerca de nosotros mismos en cualquier variable de cualquier universo posible, haciéndolos posibles todos a la vez. Diferentes épocas, diferentes espacios, mismas personas interactuando unas y otras-
-¡Cálmate Asimov!- Dijo descalificando Alexa
-Bradbury-
-Asimov-
-Bradbury es el del cuento del “Dragón”…- Quiso aclarar Juan
-Si, lo sé, pero lo que dices, está más cerca del cuento de Asimov, “Recuerdo Perdido”. Si el tiempo fuera como dices, cuando el humano se encontrara consigo mismo en todas esas circunvoluciones espaciotemporales sería energía, no materia, como en el cuento de Asimov…- Dijo tratando de explicarle a Juan que ya había vuelto a la calma. -¡Lo que me faltaba! Esta discusión fue a medias, porque el sonso no estaba despierto, me contestó sonámbulo.- Dijo mirando su rostro y queriendo ser toda una hipnotista consumada de estereotipo, agitando las manos, sentenció -Ahora duerme y sueña una realidad alterna en donde se cumpla ese momento en que el hombre se encuentre volviéndose energía…-

Todos los sucesos aparentemente pertenecían a los de cualquier amanecer salvo, que si se pudiera medir el tiempo, ya habrían pasado más de seis horas. El día en realidad no había transcurrido. Pero era verdad. Salvo por la inercia de los habitantes de la ciudad que hizo caso omiso de las señales, e incluso de sus relojes, que se provocó esa escena tan memorable. En serio el tiempo estaba perdido. No como cuando se ocupa uno en intrascendencias o diversiones y se dice que se está “perdiendo el tiempo”. Esta vez el tiempo hacía que cualquier teoría de física cuántica se invalidara en ese mismo instante en que sucedió todo. O mejor dicho, en que empezaron a dejar de suceder las cosas, porque ahora todas se empezaban a dar al mismo tiempo. Lo lamentable es que, para cuando los ociosos como Joaquín, que acostumbraba pasar las horas frente al televisor, se dieron cuenta, ya llevaba la humanidad un buen rato en ese páramo sin tiempo. El sol llevaba largo rato indicando el ocaso. El universo tardó un poco más en detenerse que el insignificante planeta azul. O quizá la percepción de los acontecimientos en el universo llegó con retraso de aproximadamente veinte horas. Dieciocho horas seis minutos y el segundero se esforzaba en avanzar del doce al siguiente espacio. A los relojes digitales les había ocurrido lo mismo que al resto del universo y los segunderos parpadeaban o les habían desaparecido los números. Con penosa lentitud llegaron desde las nueve horas (Hora en que todo parecía llevarse a cabo como un día común) hasta las horas el ocaso en plena primavera de Buenos Aires.
A Joaquín lo mismo le daba el programa de televisión. Una vez que se quedó solo, su departamento olía a empanadas que mandaba pedir, y a mugre. La televisión los domingos, era para dejarse llevar por los irreales mundos de patrocinadores de ondas hertzianas. No prestó atención cuando los canales empezaron a cruzarse. No tenía cable. Su antena era casera y pequeña. Un gancho de ropa que improvisó para fortalecer la recepción de la pequeña antena ‘de conejo’ Made in China y que en ocasiones le hacía mandarse tremenda bronca por fallar en los últimos instantes del desenlace de la novela, o Racing vs. Independiente.
En esta ocasión era un maratón del Chavo. La basura mexicana que más había trascendido en la televisión argentina. Mucho más que las telenovelas. Y para la nostalgia de los retrasados, estaba todo el domingo por Telefe en un domingo de esos entre campeonatos que no había concursitos de canto o de baile, ni conciertos viejos que retransmitir. El chavo se interrumpió por imágenes de Mario Pergolini diciendo no sé que cosas de la continuidad del espacio – tiempo, para después mandarse una burla para el programa de Marcelo Tinelli. Luego Fue Susana Giménez. Y Francella. Un concierto de Cerati. Unas palabras de Diego…
Cuando apareció en la pantalla Sandro (la verdad es que Joaquín no puso mucha atención si era Sandro, Palito Ortega o Leonardo Fabio de joven) haciendo playback ante una cámara que no necesitaba denotar que la imagen era de varios años atrás; Joaquín pensó que algo raro estaría pasando con las telecomunicaciones y encendió la radio.
El fenómeno estaba más acentuado. En un sonido fuerte como de estática de radioaficionado, se mezclaban toda clase de canciones, a todas las velocidades, ritmos y géneros. Todas las épocas de la música radiada se podían distinguir. Hasta que sólo se vio luz en el televisor y se escuchó un sonido sostenido en la radio que Joaquín jamás pudo decir que se trataba de la nota la, porque de música sabía menos que de física cuántica.
Cuando salió de su departamento tardó en reparar que no había tenido la necesidad de abrir la puerta. Atravesó una nube densa, como de vapor pero sentía también que abría la puerta, y se despertaba y se iba a dormir y le daba hambre y comía…

sábado 24 de octubre de 2009

Años

Despertó con los nervios hechos pedazos, como la mayoría de las noches en los últimos tres meses el dolor no le permite conciliar el sueño, en ocasiones es tan fuerte que el medicamento parece no tener efecto alguno. Los médicos dicen que no hay más por hacer, el cáncer esta invadiendo su cuerpo sin miramientos. La quimioterapia lejos de ayudarla únicamente ha conseguido mermar cada día sus ganas de seguir. Una vez al mes es casi obligada a someterse a ella, para después regresar a casa sin fuerzas, vomitar el día entero y no consentir alimento alguno. ¿para qué? Es la pregunta que se hace cada mañana al abrir los ojos y descubrir apesadumbrada que sigue ahí.
Con dificultad se levanta, toma su elegante bata francesa que tanto atesora, regalo de aquel bien parecido piloto que fue el amor de su vida y durante años la llevo a viajar por el mundo hasta que la esposa decidió ponerle un hasta aquí y tuvo que decidir. Ella no fue su decisión, sin embargo se le quedó metido hasta los huesos para toda la vida.
Parada frente al espejo acaricia con tristeza su cabeza calva, su piel marchita por los años, sus hermosos ojos azules ahora caídos y ensombrecidos por la soledad y la ingratitud de esos hijos que sin ser suyos ella crió y acompaño en su crecer y despertar a la vida, nadie sabe por qué nunca tuvo propios, no obstante, fueron tres a los que lleno de amor y con dulzura enseñó la importancia de la disciplina y la responsabilidad. Eran los hijos de un hombre que la amó hasta la locura, con el que se casó después del piloto y al que en realidad nunca amó; hijos cuya madre había abandonado y ella acogió sin ningún problema. Hasta que un día decidieron marcharse para hacer su vida como es natural, pero nunca volvieron.
Ahora sólo la acompaña una enfermera amargada y déspota que descarga con la anciana todas sus frustraciones, su esposo murió hace algunos años, y ahora ella sobrevive de recuerdos...
De un rincón del viejo ropero saca cuidadosa una cajita de plata envuelta en una mascada de seda gris que huele a humedad. Una a una mira las fotos. ¡que bella era! Cabello por debajo de los hombros, de un negro espectacular, levemente rizado y perfectamente peinado, grandes y expresivos ojos azules como de gato, nariz espigada haciendo juego con unos seductores y carnosos labios, sus manos siempre hermosas con aquellas uñas largas y elegantes, cuerpo voluptuoso, de formas exquisitamente definidas y enmarcado por exclusivas prendas traídas de diferentes partes del mundo. Junto a las fotos algunas joyas, ya son pocas pues ha tenido que deshacerse de ellas para mantenerse. Toma entre sus manos una gargantilla de perlas y la acerca a su boca para besarla con infinita ternura, también fue un regalo de él. Mientras la besa cierra los ojos y parece mirarlo, parece oler su perfume y sentir sus manos tomando las suyas para depositar aquel collar que compró para celebrar su primer año juntos.
Recorre con sus temblorosos dedos cada joya, cada foto. Y mientras su corazón revive cada instante de felicidad en sus recuerdos, una lágrima se desliza en su rostro apagado por el dolor.

miércoles 21 de octubre de 2009

No tengo mas que esta locura en mi vientre
esta sensacion de estar volando en el viento
esta alegria de saberte firme
de encontrar en tu mirada mundos nuevos

No tengo mas que todo mundo tiene...pero nuevo.

martes 20 de octubre de 2009

FIN COMÚN (PRIMERA PARTE)

...En esto consiste la sabiduría: el que tenga entendimiento, calcule el número de la bestia, pues es número de un ser humano: seiscientos sesenta y seis…
Revelaciones 13:18

FIN COMÚN

I


Cuando sus párpados se retiraron de la superficie ocular, dejaron pasar un haz de luz que se refractó a través del cristalino; los fotones refractados (dispersos) fueron el estímulo para que sus “conos” y “bastones” (como cariñosamente llamaba a las terminales nerviosas sensitivas de su nervio óptico, desde su educación primaria) interpretaran sombras, formas y colores. Los colores del amanecer que entraba por su ventana contagiándolo de una inusual sensación de angustia y abandono. De soledad. De rencor acumulado a través de los siglos.

¿A través de los siglos?

Esto era algo extraño en su sensación. Ya que estaba seguro que había mucho acumulado a través de los siglos. Pero Joaquín sólo tenía veintidós años. Y estaba completamente seguro que sólo veintidós años podía tener porque no creía en vidas pasadas o nirvanas o como se llamen esa clase de inventos que la gente ignorante adopta para sentirse cobijado ya sea de la muerte o de sus actos perversos.

Claro. De esos actos perversos exactamente era que tenía rabia. Y de que lo habían atado.

La tía Cristi llamó a Monseñor para contarle que su querido sobrino consentido estaba poseído y le practicaron un exorcismo.

Retomó la amabilísima sensación visual y recordó una canción que le canturreaba una antigua novia “…Ver lucir en el centro de un lunar, el contorno a contraluz de tu cuerpo…” Entonces él le preguntaba -¿En el centro de qué lunar?- Y ella contestaba preguntando invariablemente -¿La pupila?- Y entonces el volvía a preguntar -¿De quien?- -Tus tecnicismos me matan Rubén…- Ahí se detenía el recuerdo, porque no pudo negar que él se sentía identificado con ese recuerdo, pese a que su amorcito del alma trovadora, fanática de Mauricio Díaz “El hueso” le decía “Rubén” y no “Joaquín” como él sabía que se llamaba. O es que en realidad no se llamaba así. Entonces trató de conciliar el sueño y esperar la decisión de alguna disposición espiritual de “Su eminencia” o de su tía Cristi.

Visualizó lentamente en su sueño algo parecido al lugar donde había pasado su infancia. Un suburbio impersonal. -Satélite- Dijo dormido. La cámara registraba sus movimientos y tras el monitor, la doctora Fernández explicaba a los residentes, internos y estudiantes de psiquiatría cómo se comportaba el cerebro cuando se está disociando de la realidad.
-¿Qué es la realidad?- Preguntó Camila, con aire bobo, tratando de hacerse la ingenua
-Para fines prácticos, queridos educandos- Dijo sonriendo la Doctora Fernández -Será lo que por consenso todos estemos de acuerdo que percibimos-
-Y como no hay consenso con che Fede, este tío está deschavetado- Alcanzó a susurrar Teo para el clandestino regocijo de sus compañeros
-Ya te dije Teodoro, que no permitiré de ninguno de los que estén a cargo mío, un mote o sobrenombre a ninguno de los pacientes- Corrigió indignada la doctora Fernández -Y si, la falta de consenso con lo percibido o aceptado como percibido en la generalidad de esta población humana, es lo que lo tiene a Fede soñando con ansiolíticos.
-¿Qué sueña un cerebro así?- Se escuchó como murmullo
Fede se dio poco a poco cuenta que el día en realidad no había transcurrido. El sol había realizado su trayecto mucho muy lentamente. Todos los relojes estaban como trabados y no avanzaban del segundo en el que estaban. Como si hubieran sido sincronizados en las seis horas con seis minutos, para no avanzar más después. Sólo el segundero que partía del doce con extrema dificultad alcanzaba el siguiente segundo. Caminó tratando de no pensar en algo que le llevara a conocimientos que no tenía o no podía comprobar y comenzó visitando a los vecinos de los departamentos contiguos. Automáticamente una puerta se abrió al tocar y la chica le invitó a pasar. -Perdona que no te invite algo, pero Gustavo, mi marido no para de comer, come y va al baño y eso es todo lo que hace, como si su digestión y su hambre fuesen eternas- Comentó con ligero tono de burla. -Creo que tendré que ir a la tienda por algo porque acabará con todo lo del refri y la alacena- Fede se intrigó un poco porque no parecía preocupada. Se ofreció a acompañarla y cuando bajaban las escaleras, se encontraron a un señor que subía ligeramente apurado. Cuando llegaron a la calle los alcanzó. Y de inmediato se regresó diciendo -Llevo incontables veces que me regreso tratando de corroborar si algo se me olvida y luego recapacito que traigo todo para la oficina y regreso y vuelvo a titubear…- Alcanzaron a escuchar mientras avanzaban en dirección opuesta.

Claro, porque si no hubiera tiempo, las acciones cerebrales previas a la pérdida de continuidad espacio-temporal harían funcionar a los cuerpos con las órdenes autónomas correspondientes a los ejercicios voluntarios. Como en el caso de comer y el peristaltismo. Incluso la de titubear y regresar por un olvido para luego rectificar. Como si en el video de nuestras vidas, hicieran un leve scratch de D.J. en una escena específica.

miércoles 14 de octubre de 2009

Sonrisa (Tomado de "Lugares comunes" del Aullido del Lobo)

Les presento la otra cara de la moneda, la voz masculina de la misma historia, aunque un poco de tiempo antes. El enamoramiento, las ganas de estar. Este Lobo disfrutó y recordó muchas cosas al escribir estos textos, pero sobre todo jugué. Que lo disfruten.

Tu sonrisa llena de sonrisas volvía una y otra vez a mi mente, el agua caliente desde la regadera y la emoción de prepararme para ti.
Enjabonado y sonriente tarareo la canción de aquella obra musical que vimos juntos, hago gárgaras, escupo un chorro de agua y sigo tarareando aprovechando la inigualable acústica del baño.
Me afeité la cabeza, y me corté arriba de la oreja, cierro la regadera y recibo las últimas gotas sobre el dedo gordo del pie; tomo una toalla que enredo sobre mi cintura, me miro ante el espejo y saco el pecho, muestro mis bíceps y sonrío, comparo mentalmente mi sonrisa chueca con la tuya. Lavo mis dientes dos veces, me pongo el gel after shave y siento su delicioso aroma y un leve ardor en todo el cráneo y en mi rostro, me arde un poco más en la oreja cortada.
Me visto y escojo unos boxers ajustados, color negro, mis jeans, una playera blanca a lo James Dean y un par de calcetines sin agujeros, echo talco en las botas vaqueras. Me doy una última revisión ante el espejo, sonrío y con palmaditas humedezco mi rostro con loción.
Tomo las llaves del carro y con el corazón desbocado voy a tu encuentro. Paso a un super para comprar una botella de vino, recuerdo que te gusta el tinto y escojo una botella de vino chileno, suspiro y recuerdo nuevamente tu sonrisa llena de sonrisas; me pregunto cómo es posible que sonrías de esa manera, que cada vez que me ves me sonríes de esa forma, entre traviesa y cómplice.
Ya de camino a la caja, agarro un ramo de flores y una caja de condones. La cajera me sonríe y sin querer se le escapa un suspiro, le cierro el ojo y pago.
La noche también es cómplice, mis ganas de amarte, el recuerdo latente de cada una de tus sonrisas y de todos tus gestos, llego a tu casa y veo la luz de tu recámara apagada, con el celular mando un mensaje. “Preciosa, ya llegué, me abres por favor?”. La luz de tu habitación se enciende, te asomas y cierras de nuevo la cortina, recibo un mensaje en mi celular. “spra un poco, todavía no c duerme” suspiro con cierto enfado, son las once de la noche, escucho el cd que me regalaste, con todas las canciones de la obra, respondo con un “Ok cariño, el tinto se toma al tiempo, tienes sacacorchos?” El disco se repite dos veces más.
Ya es la una de la mañana, un poco fastidiado, me pongo un ultimátum. Si en dos canciones más no me abre me voy a mi casa, me siento mareado por el aroma de las flores y de mi propia loción, tengo sed. Recibo otro mensaje “Ya c durmió, no encontré l sakcorchos”, sonrío y mi cansancio y fastidio desaparecen después de leer, miro el reloj y me digo que apenas es la una de la mañana, bajo del carro en silencio, tomo la botella y las flores, cierro con cuidado. Camino hacia la entrada, con el corazón batiente; dejaste la reja abierta, me dirijo a la puerta mientras un perro ladra a lo lejos.
Antes de tocar la puerta abres y colocas tu índice sobre los labios, mientras sonríes con tus ojos de niña traviesa, la seña es innecesaria, jamás he hecho ruido. Te ofrezco las flores y simulas olerlas, te muestro la botella de vino y me acerco para besarte en los labios, me fascina tu sabor.
De puntillas subimos los escalones, nos deslizamos a tu recamara que huele maravillosamente. Encendiste una varita de incienso con aroma a sándalo, mi favorito, también dos velas de canela y manzana; tu gatito negro se esconde debajo de la cama. Coloco el vino en el tocador junto a las copas que tienes preparadas, te tomo por la cintura y te atraigo hacia mi, huelo tu cabello, beso tu cuello y mis labios procuran tu sonrisa, beso tus ojos, tus labios, tus ojos nuevamente, ahogas una risa y pones las flores junto a las copas y la botella.
Susurras a mi oído, ¿cómo abrimos el vino? No importa te digo, mientras te coloco despacio y cuidadosamente sobre tu cama, te dejas llevar, vistes una bata de seda y no me cuesta trabajo el desatar el cordón que la sujeta, hueles a recién bañada, a jabón de hierbas, aspiro tu aroma, me coloco sobre ti sin recargar mi peso, te beso nuevamente y ahora yo susurro a tu oído, No importa el vino, te tengo a ti.
Me dejas besarte, te dejas acariciar y sonríes, me incorporo para contemplarte sobre la cama, hermosa, siempre sonriente, me sorprende ver como sonríes con todo el cuerpo.
Me presumes tu flexibilidad de bailarina, tu cuerpo aún firme y deseable. Me hinco a un lado de la cama y pido que te acerques, colocas tus pies sobre mis hombros, sigues sonriendo, me acerco a tu cuerpo, a tu vientre, yo postrado ante ti, ante el aroma de tu cuerpo, envuelto en la fragancia de tu habitación, el perfume de tu húmedo deseo.
Me saboreo goloso y siento la parte más blanda de tu anatomía, cálida bajo mis labios, paladeo, pruebo, mientras tu sonrisa desaparece para dar paso a un rictus de placer culpable, mi lengua viene lentamente a hundirse en ti, a recorrerte de arriba abajo en esa sensibilidad tuya, sueltas un gemido, y tratas de ahogarme en tu sabor que me encanta. Eres tan dulce, siento tus manos en mi cabeza, acaricias mis orejas y notas la cortada, suspiras mientras sigo deleitándome de ti, besando, saboreando y disfrutando una vez más ese almíbar delicioso, esas caricias y tu cuerpo arqueándose, me descubro añorando entre tus muslos esa sonrisa repleta de miles de sonrisas.